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jueves 24 Julio 2008
13:32
Tendencias 21
Una fórmula interactiva para la difusión del conocimiento



La cultura demanda una nueva mirada sobre los valores esenciales

Hay que alcanzar un nuevo equilibrio entre el plano moral y el progreso técnico


La cultura es un concepto que ha evolucionado hasta concebirse en un sentido social, más universal, más amplio, que abarca al conjunto de los actos humanos en una comunidad dada, ya sean estas habilidades económicas, artísticas, científicas, discursivas, guerreras o cualesquiera otras. En la actualidad, el progreso de la civilización y la cultura, que ha sacado al hombre de su dependencia a la naturaleza, conduciéndolo a la conquista y señorío sobre el planeta, hoy le reclama, bajo la amenaza de un cataclismo de proporciones nunca vistas, una inaplazable y radical nueva mirada sobre los valores esenciales. Por Roberto González Oliveira.



Culturaprospectiv.ch
"Cultura, es el aprovechamiento social del conocimiento". Esto lo dijo García Marquez en un reportaje de hace veinte años, aproximadamente. Creo que es la más significativa definición que he escuchado referente a la cultura pero, a pesar de la síntesis de esta brillante enunciación sobre un concepto tan complejo, nuestros países y la humanidad en su conjunto, por una cuestión de sobrevivencia, deben lograr axiomas más abarcadores y precisos de este evento social que es la educación y su resultado, la cultura.

Cuando digo, cuestión de sobrevivencia, me estoy refiriendo a que naciones como la Argentina o cualquiera de los países subdesarrollados, serian prácticamente inviables en un mundo que impidiera a sus sociedades no aprovechar para su beneficio y evolución, la acumulación del conocimiento individual de sus componentes, es decir que no generara permanentemente educación que le permita acumular cultura.

Y si no, recordemos una de las sentencias del ministro de propaganda del Tercer Reich, Joseph Goebbels, cuando en un discurso dijo. “Si escucho la palabra cultura saco mi pistola”. Como buen fanático totalitario y expansionista, sabía perfectamente dónde estaba su enemigo.

Como materia significante, el axioma Cultura alternaba con civilización y a su vez, la complementaba, ya que las dos también derivan del latín y por eso se aplicaba como opuesto a brutalidad, irracionalidad, barbarie o al menos salvajismo. Civilizado, pues, era el hombre educado, el que había aprovechado y utilizaba el conocimiento de la sociedad para su bien y principalmente para bien del colectivo.

Pero las cosas fueron cambiando y desde el siglo XVIII el romanticismo, por una cuestión de índole filosófica, fundamentada principalmente en la tesis naturalista, impuso y asignó una diferencia, un contraste, un enfrentamiento entre civilización y cultura.

Nuevo giro

Es a partir de este nuevo giro en la materia significante de las palabras Civilización y Cultura, que el primer término se reservó exclusivamente para nombrar el desarrollo económico y tecnológico, lo estrictamente material y el segundo para referirse a lo "espiritual", es decir, el "cultivo" de las facultades intelectuales.

En el uso de la palabra "Cultura" cabía, entonces, todo lo que tuviera que ver con la filosofía, la ciencia, el arte, la religión. Además, se pasó a entender la cualidad de "culto" no tanto como un rasgo social, sino como individual. Por eso podía hablarse de, por ejemplo, un hombre "culto" o "inculto" según hubiera desarrollado sus condiciones intelectuales y artísticas y esto aun hoy es muy frecuente de ver.

Los nuevos estándares teóricos de la sociología y la antropología contemporáneas tuvieron que redefinir esta representación, enfrentando e impugnando la conceptualización Romántica.

Ahora se concibe y se enseña la Cultura en un sentido social, más universal, más amplio y la Cultura pasó a ser el conjunto total de los actos humanos en una comunidad dada, ya sean estas habilidades económicas, artísticas, científicas, discursivas, guerreras o cualesquiera otras.

Nuevo concepto

El esquema sería: toda práctica humana que supere la naturaleza biológica debe ser considerada como una práctica cultural o producto de la misma. Este diferente uso del término Cultura, designa, otorga la cualidad de…, a todo el conjunto de las experiencias, habilidades y destrezas humanas, de modo que incluye todas las prácticas sociales y, para entender y analizar una Cultura determinada, no se deben separar.

Con la contribución de la antropología, a partir del siglo XX, el concepto de cultura pasa a incluir también los bienes materiales, los bienes simbólicos, las instituciones, los canales por donde circula el poder: escuela, universidad, familia, gobierno, ejércitos, los medios de difusión, las costumbres, los hábitos, pero del mismo modo pasa a incluir específicamente las leyes, los intercambios personales, en una palabra, las compensaciones de poder de esa cultura.

La cultura no sólo tiene un aspecto colectivo, también tiene un aspecto particular y dependiente de cada uno de sus individuos. Sobre la base del aprendizaje de la socialización, las personas vamos diferenciando nuestro gustos, nuestras consideraciones relativas, nuestra forma de ver la vida y nuestra propia escala de valores.

Es mediante este procedimiento por el cual un sujeto determinado llega a ser individuo y a la vez el mismo sistema nos permite acumular y transformar todo aquello que tomamos del colectivo social a través de la educación. Es lo que Marcel Proust llamaba “el efecto Berma” por la actuación de la diva Sarah Bernhardt, en su obra “En busca del tiempo perdido”, y este efecto permite a posteriori filtrar y reconstituir poco apoco, a tranés de una combinación de recuerdos, análisis retrospectivos e impresiones individuales, todo lo aprendido.

Diferenciación social

De esta manera nos vamos transformando en seres diferentes de los demás, porque también debemos sumarle a todo esto la intervención de los distintos corpus acumulados en los respectivos aprendizajes y los distintos tiempos de rediseño de esos corpus.

La enorme importancia que tiene esta derivación del proceso educativo y la permanente tensión que ella genera, reside en que la convierte en motor, en impulsor del cambio, este es un aspecto fundamental de la cultura.

Sobre la base del aprendizaje de la socialización, esta nueva teoría sostenía que la diferencia entre las sociedades ya no se correspondía para nada con la existencia de las distintas razas. No hace falta que abundemos sobre los males que trajo aparejado a los hombres el infortunado concepto de razas durante toda su historia.

Los bienes simbólicos

El pensamiento simbólico y la conducta simbólica de los individuos se hallan entre los rasgos más característicos de la vida social humana. Todo el progreso de la cultura, toda la acumulación de conocimientos sociales a través de la educación, se basa en estas condiciones de producción

La antropología simbólica concibe a cada cultura como un contexto en el cual los sujetos pueden deducir qué se está comunicando, cómo debe interpretarse un gesto, una mirada, y por lo tanto, qué gestos deben hacerse para dar a entender algo, qué palabras deben usarse y cuáles no.

La cultura es una telaraña de signos que permite, a los individuos que la comparten, atribuir sentido tanto a las prácticas como a las producciones sociales de los bienes simbólicos. A principios del siglo XX, este nuevo concepto de la red de signos en la cultura, dio lugar a una nueva teoría del aprendizaje, la teoría del interpretante, sustentada a su vez por la teoría semiótica de Charles S. Peirce, el más coherente y esperanzador avance de la sociología de los últimos años.

La sociedad globalizada

El progreso de la civilización y la cultura, que ha sacado al hombre de su dependencia a la naturaleza, conduciéndolo a la conquista y señorío sobre el planeta, hoy le reclama, bajo la amenaza de un cataclismo de proporciones nunca vistas, una inaplazable y radical nueva mirada sobre los valores esenciales.

En esta instancia evolutiva de la sociedad humana debemos aceptar que las herramientas que nos permitieron salir de las cavernas, quedar fuera de la cadena alimenticia y dominar nuestro habitat, hoy actúan como los ejércitos vencedores que tienen que volver a su patria cuando acaba la lucha: resulta muy difícil hacerlos trabajar para la paz, pero a la vez tenemos que reconocer que sin ellos y su agresividad no hubiéramos sobrevivido, no lo habríamos logrado.

Pensemos que hace apenas cinco mil años atrás, no teníamos muchas probabilidades de perdurar como especie, pero ahora el desafío es distinto. Es menester canalizar a través de la formación, toda esa potencia, toda esa energía y vigor del mono depredador, hacia otras luchas muy diferentes.

Para los educadores, el objetivo y el desafío inmediato es la transformación de la materia significante de la palabra ciencia. Hay que dotarla de un alma al servicio de la sociedad, como decía el gran filósofo evolucionista Theilhard de Chardin: “el hombre debe colaborar con el cosmos, la sociedad no puede seguir a merced de una ciencia sin conciencia”.

Un mundo sin afecto

El individuo contemporáneo lamentablemente, sigue concentrando todos sus esfuerzos sobre el desarrollo y la educación del intelecto para ponerlo al servicio del consumismo y la depredación del habitat.

Sin embargo, los recursos del intelecto, de este tipo de inteligencia que le permitieron hacer milagros en el imperio de la ciencia y en el dominio de la naturaleza, se están agotando aceleradamente y se vuelven invariablemente en su contra.

Mientras la instrucción y la educación para este, a todas vista, proyecto caduco, es el centro de las preocupaciones de las familias, de los educadores y de los poderes públicos, el desarrollo de la emotividad y el idealismo, sigue casi totalmente librado al azar o en manos de intereses religiosos o peor aún, en manos de los exaltados y fanáticos. En la civilización contemporánea esto lleva a una pasmosa destrucción de la vida afectiva.

Los educadores tienen una tarea fundamental que desplegar y poco tiempo para instalarla. La reivindicación, la nueva instalación de las capacidades emotivas del ser humano, tiene que ir de la mano de una reivindicación mucho más importante y trascendente, la reivindicación del mito.

Durante mucho tiempo se ha desprestigiado el concepto del mito. Platón lo utilizó cuando se encontró sin herramientas para seguir enseñando a sus alumnos. El mito poético es superior y va más allá que la alegoría, porque nos plantea un mundo distinto al real, plasmando una conciencia superior para el que escribe y para el que lee.

Nueva fuente de energía moral

El mito, en definitiva, existe para intentar contestar la pregunta ¿de dónde venimos? Que a su vez genera, trae implícito en su esencia, la utopía y la utopía intentará contestarnos: ¿hacia dónde vamos?

La vida emotiva, privada de una formación metódica, sistemática y al servicio social, es para el hombre moderno, una fuente de imprevistos habitualmente muy desagradables, con resultados bastante traumáticos y cuyas derivaciones son, en general, muy difíciles de llevar, que terminan casi siempre tratados como una patología psicológica o peor aun siquiátrica.

No es exagerado decir que la vida emotiva ocupa en el desarrollo de la personalidad del hombre actual, una posición de mínima influencia. La desesperada pulsión que encontramos en algunas personas hacia los psicofármacos, el alcohol y todo tipo de drogas peligrosas, nos están confirmando este diagnóstico.

Las nuevas camadas de educadores deben entender que sólo por el desarrollo apropiado de la esfera emotiva a través de los nuevos mitos, el hombre puede abrir una nueva fuente de energía moral, cuya necesidad para él y para su planeta es tan apremiante.

En apoyo, y complementando este nuevo concepto educativo, se deben descubrir rápidamente métodos prácticos para adiestrar seriamente la vida emotiva de los seres humanos y de esta forma alcanzar nuevamente un equilibrio entre el plano moral y el progreso técnico.

Un sistema viable de lograr este objetivo es orientar las energías de los artistas y los educadores hacia un ideal moral común. El arte está organizado y apoyado en las leyes de traspasos de ideas, emociones, sentimientos y sensaciones, por lo tanto es el vehiculo ideal para este proyecto.

Necesidad de belleza

El mundo en que vivimos tiene necesidad de belleza para no caer en la desesperanza y el desaliento. La belleza llama a lo trascendente y es en cierto sentido la expresión visible del bien, es el principal y más escaso bien simbólico que nuestra sociedad ha elaborado. Platón decía: "la potencia del bien se ha refugiado en la naturaleza de lo bello". Esta es la labor y el compromiso que deben asumir los artistas.

Los educadores, en cambio, cuando pensemos que está todo perdido, debemos recordar las palabras del pedagogo uruguayo José Enrique Rodó le hace pronunciar al viejo maestro Prospero en su libro Ariel, “Invoco a ARIEL como mi numen. Quisiera para mi palabra la más suave y persuasiva unción que ella haya tenido jamás. Pienso que hablar a la juventud sobre nobles y elevados motivos, cualesquiera que sean, es un género de oratoria sagrada. Pienso también que el espíritu de la juventud es un terreno generoso donde la simiente de una palabra oportuna suele rendir, en corto tiempo, los frutos de una inmortal vegetación”.

Es preciso entonces que los artistas y educadores de todo el mundo se unan en un esfuerzo copartícipe, colaborador, para imaginar estéticamente ideas o realidades pedagógicas conducentes a una vida moral y espiritual más elevada, que a su vez despierten en la sociedad inquietudes, emociones y sentimientos superiores.

Es un salto cualitativo. Debemos ser conscientes de que ya no alcanza con mejorar la educación tal y como la conocemos, hay que acceder a planos diferentes. La paz real, la prosperidad sostenida para todo el conjunto social, sin exclusiones, en perfecta armonía y colaboración con el habitad, sin destruirlo, depende de cuan rápido se consiga educar al hombre para que este alcance nuevamente el equilibrio.


Roberto González Oliveira es presidente de Artemercosur y ha sido profesor de Historia del Arte en la Universidad de Buenos Aires. En la actualidad es Director de la Galería de Arte Bárbaro de Buenos Aires, dedicada a la venta de objetos artísticos especialmente pintura y escultura.


Domingo 30 Octubre 2005
Roberto González Oliveira
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